viernes, 21 de diciembre de 2012

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Una de las mayores ficciones modernas es la de la nacionalidad. Como si alguien tuviera en su constitución personal elementos provinciales nada más... diría que es, una vez más, parte de la patética herencia griega, con su incansable tendencia a tratar de bárbaro al que vive unos pasitos más allá de la tierra y el lenguaje. Cuna de la civilización, sí, ¡minga! ¡Brutos!

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